La imprenta, el invento diabólico

Policías guiando a una señora.

Controlar a la gente es la mejor manera para un gobernante (rey, presidente, dictador, tirano, papa) de asegurarse una vida tranquila y placentera. Y para controlar a la gente, puedes valerte de las armas, pero es un método peligroso y caro. El mejor es controlar su mente; convencerlos de que hagan o crean lo que el gobernante quiere; y para ello, hay que controlar la información que llega a la gente. Esto, en la antiguedad y la edad media, no era muy difícil; los medios de comunicación no eran masivos y eran bastante limitados: un mensaje podía tardar semanas en llegar de un rincón al otro de un país. Los libros sólo se fabricaban en los conventos, y hacer un libro significaba meses de arduo trabajo a mano. Un solo libro costaba lo que una casa, por lo que las grandes bibliotecas contaban con 10 ó 20 ejemplares a lo sumo. Así que la información sobre la vida, sobre lo bueno y lo malo la proporcionaban los jerarcas y ancianos del grupo, y luego los líderes y sacerdotes. Hasta la edad media, así era: la palabra del scerdote era la que definía cómo debía ser el comportamiento de la gente. No había otro lugar en el cual comparar, pues no había libros o revistas, y además, la mayoría no sabía leer. Pero en 1450 esto cambió radicalmente: El muy famoso Juan Gutenberg (orfebre de oficio) creó la imprenta con tipos móviles. Mucha gente cree que él inventó la imprenta; lo cual es inexacto, ésta ya existía desde hacía mucho tiempo. La genialidad de Gutenberg fué crear tipos móviles; es decir, letras de metal, que fueran lo suficientemente resistentes como para ser usadas una y otra vez. Sólo que la labor no era económica, así que pidió un préstamo al judío Juan Fust. Con el dinero, logró crear la imprenta y los tipos, y empezar a imprimir. Sólo que el tiempo se le vino encima, y no terminó su primer libro comercial, la famosa biblia de 42 líneas. (puedes verla en línea aquí)

Biblia de Gutemberg

 Así que Fust demandó a Gutemberg por incumplimiento, y ganó el pleito, con lo que se apropió de la imprenta. Se dedicó entonces él mismo al negocio de la imprenta, y a vender libros, que tenían la párticularidad (lograda por Gutemberg) de ser indistinguibles de los hechos a mano, sólo que fabricados con una velocidad prodigiosa.

La visión de Fausto.
Ricardo Falero

Cuanta la leyenda que en Francia, Fust fue arrestado por la inquisición. No era posible hacer libros tan rápido, a menos que, lógicamente, fueran obra del diablo, y por lo tanto Fust, uno de sus adoradores (recordemos que era judío, lo cual lo hacía más sospechoso a ojos medievales) Fust tuvo que confesar su secreto; (muchos dicen que ese fue el origen de la historia de Fausto, que le vendió su alma al diablo) y así fue revelado al mundo la tecnología que robó el monopolio de la información a la iglesia. Ahora somos muchos los que sabemos leer, y podemos elegir entre muchas opiniones diversas. ¡ah, maldita libertad! (¿o no?)

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